Protección de datos, el acelerador silencioso de la inclusión financiera en México
27 de Enero del 2026
México y América Latina han avanzado con fuerza en inclusión financiera. En México la tenencia de cuentas bancarias subió de 36% (2012) a 76.5% (2024). Aun así, “tener una cuenta” no equivale a inclusión plena, pues millones de personas siguen subatendidas por factores como educación, ubicación, género, edad o discapacidad, y porque los productos financieros no siempre llegan o no se ajustan a necesidades reales.
Esa brecha se vuelve más delicada si consideramos que en México la vida digital ya es masiva. El 81.4% de los mexicanos tiene teléfono celular (2024) y 69.1% usa banca móvil (2024). En este sentido, el Día Internacional de la Protección de Datos (28 de enero) es más que una efeméride, es una señal de mercado. “Cuando las preocupaciones por vulnerabilidades frenan la capacidad de hacer los servicios más accesibles, proteger datos deja de ser ‘cumplimiento’ y se convierte en una palanca directa de crecimiento y adopción”, afirma Tory Jackson, Jefe de Negocios y Estrategia de Galileo Financial Technologies.
Para entender por qué privacidad y ciberseguridad pueden acelerar la inclusión, conviene mirar un concepto que rara vez se discute fuera de los equipos técnicos: la inclusión técnica. El Índice de Inclusión Técnica la define como la entrega y disponibilidad de productos y servicios para todos en términos iguales o equivalentes, sin importar edad, género, ubicación u otras habilidades, y plantea la pregunta: ¿pueden la tecnología, la infraestructura y el acceso a datos impedir o restringir el acceso de ciertos segmentos?
Los líderes tecnológicos en las Américas parecen tener clara la respuesta. El 81% coincide en que la inclusión es un tema técnico/tecnológico; y en México el sector de travel & hospitality registra un 62.5% que está totalmente de acuerdo con que el acceso a bienes y servicios no es posible sin inclusión técnica. Además, 77.6% está de acuerdo en que servir a una base diversa depende del estado y desempeño de la infraestructura, y México destaca con 94.1% en IT y telecomunicaciones como el porcentaje más alto entre industrias.
El hallazgo que México no puede ignorar es el vínculo directo entre seguridad y avance inclusivo. El 73.7% “está de acuerdo” con que las preocupaciones por vulnerabilidades de seguridad ralentizan los esfuerzos por hacer los servicios más accesibles e inclusivos; y dentro de travel & hospitality, el acuerdo sube a 75%. Esto explica que si una organización percibe riesgos en su stack, tiende a frenar cambios, retrasar funcionalidades y endurecer procesos. El resultado suele ser fricción justo en los puntos donde se gana —o se pierde— confianza.
El costo de esa fricción no es abstracto. El índice muestra que la “exclusión técnica” puede traducirse en negocio perdido. 54.6% cree que está perdiendo 10% o más de negocio potencial por falta de tecnología verdaderamente inclusiva, y 26% cree que la pérdida podría ser de 20% o más. Además, 61.4% reporta que cinco o más proyectos para llegar a nuevos segmentos se retrasaron o cancelaron en los últimos 12 meses por limitaciones de infraestructura actual o heredada.
Ahí aparece el “impuesto” de lo heredado. En la región, 66.5% de los responsables de TI destina más de 25% del presupuesto a mantener o actualizar sistemas heredados, mientras que en México ese porcentaje es de 63.7%. No sorprende entonces que 74.9% esté de acuerdo en que los sistemas legacy limitan la capacidad de entregar experiencias inclusivas, y que en México el dato llegue a 76.5%. “Cuando gran parte del presupuesto se va a sostener legacy, la seguridad avanzada, la interoperabilidad y la experiencia consistente compiten por recursos. Y sin eso, la confianza no escala”, añade Tory Jackson.
A la presión presupuestal se suman los obstáculos más citados para servicios inclusivos, los Silos de datos y falta de interoperabilidad (58.7%), e incompatibilidades entre infraestructura nueva y heredada (54%). En paralelo, 58.5% identificó al backend como el “eslabón más débil” para entregar productos y servicios inclusivos. Para protección de datos, esto importa porque la fragmentación dificulta aplicar políticas coherentes, monitoreo efectivo y respuestas rápidas ante incidentes, lo que eleva la percepción de riesgo interno.
En México, donde cada vez más personas usan la banca desde el celular, cuidar los datos no debería verse como un gasto “obligatorio” aparte, sino como una forma de crecer. Cuando hay miedo a fallas de seguridad, las empresas frenan cambios y eso termina complicándole la vida al usuario. En cambio, al mejorar sus sistemas y lograr que la información “se conecte” bien entre áreas, los bancos y fintech pueden lanzar mejores servicios más rápido, generar más confianza y ofrecer una experiencia clara y consistente para más personas, sin tantos pasos, errores o trabas. En esa línea, Galileo cuenta con un motor de verificación de identidad que aprovecha múltiples fuentes de datos para autenticar y verificar de forma instantánea la identidad del titular de la cuenta, ayudando a proteger las transferencias entre cuentas de distintas instituciones financieras.
Villagrán y Asociados, S.A. de C.V.
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